Carta de Nagato.
Me gustaría poder mirarte a los ojos, mirarte y poder saber lo que piensas, lo que quieres, lo que sientes.
Me gustaría no tener que estar al acecho de cualquier oportunidad para verte, que fuese algo normal, que no tenga que ser pactado antes.
Me gustaría que nos viésemos, pero solos, sin nadie cerca, nadie con quien tengas que guardar las apariencias, nadie a quien tengas que besar, nadie que cuando lo veas te entren ganas de esconderte, nadie en absoluto.
Me gustaría que si nos vemos, pudiésemos ser más abiertos, como cuando hablamos en privado, más íntimos, pudiendo decir todo lo que se nos pase por la cabeza.
Me gustaría que al vernos pudiésemos hacer cualquier cosa, sin miedo a ninguna repercusión más allá de ese instante.
Me gustaría poder verte la cara cuando leas estas líneas, ver como tus ojos se van iluminando poco a poco, ver como se empieza a dibujar una sonrisa en esa boquita que tienes, ver como una gota de añoranza empieza a caer por tus mejillas, ver como relees esto una y otra vez y ver como cada vez te emocionas más que la anterior.
Me gustaría poder pasar todos los momentos importantes contigo, y también los no importantes, y regalarte todas las primeras veces que quieras.
En resumen, me gustaría estar ahí, contigo.
Con todo lo que hay en mi interior.
Sr. Nagato.
Durante miles de años, los seres humanos hemos podido disfrutar del mejor de los dioses dieran jamás a ningún ser vivo.
La brisa.
El viento.
El hermano Sol y la hermana Luna.
Campos y praderas donde ver crecer a nuestros hijos.
Amaneceres bañados con el perfume que estornudan las flores en primavera.
Puestas de sol decoradas con los sueños aún por cumplir.
Y aunque parezca mentira(haha):
Inteligencia.
Pero el hombre blanco, despreció aquel tesoro.
Y a medida que la vida le sonreía, él le contestaba dando patadas al destino.
Si alguien lee esta carta, no olvide que el fin de esta civilización, se debió al egoísmo, codicia e incultura de la raza humana.
Los hombres ya no somos mamíferos.
El ser humano no se convirtió en depredador.
La raza humana somos simplemente un virus.
Atamos.
Crecemos.
Y nos multiplicamos.
Ah… Por eso nos estinguimos.
Por eso las aguas se tragaron nuestra civilización.
La verdadera finalidad, éramos nosotros y por eso dejo escrita esta nota para formas de vida inteligente:
Cuando los hombres escupen al suelo, ha…
Se escupen a sí mismos.
Capítulo 2: Sawyer.
Dos años después, el día de mi graduación, Sergio me llevó a cenar al sitio donde más me gustaba ir: a casa. Iba preciosa, he de admitirlo: un vestido azul oscuro de palabra de honor, y sin maquillaje, con el pelo sin recoger.
Me sentó en la mesa, pintada por nosotros también, lo cierto es que en esos 2 años nos dio tiempo a darle muchísima vida a nuestro pequeño hogar.
Me tapó los ojos con una cinta de seda negra, lo que provocó una sonrisa incontrolable. Me dio de cenar chocolate fundido, directamente de sus dedos y chorreaba de mis labios…
Ahh, la sensación del chocolate sus labios y los míos… No me quitó la cinta… Me desnudó en la mesa, después de caricias cálidas, y besos en cada milímetro cuadrado de mi piel; me cogió en brazos y me llevó a nuestro cálido
dormitorio morado, donde me quitó la cinta y descubrí las velas y los pétalos… Un cuenco con esencias de rosa, que perfumaba la sala entera. Miraba hacia los ojos de Sergio, deseosa, recorriendo su cuerpo con mis dedos,
y cuando fui a besarlo, impaciente me puso un dedo en la boca y me paralizó. Únicamente quería actuar él, recibirlo yo todo…
Él ya estaba desnudo y pasó sus palmas de las manos por mis muslos, acariciándolos, llegando a mi culo y agarrándolo con fuerza. Me besó en los labios, retirando las últimas gotas de chocolate de mis labios con la punta de su
lengua. Le besaba tan lentamente que se fundían nuestros labios, nuestras lenguas se entrelazaban suavemente, todo muy lento y suave… Respiré hondo, aspirando los tres olores de la habitación: las rosas, su olor y mi sudor.
Empezó a lamer lentamente mi oído, a respirar en él.
- Hagámoslo, creémosle. Vamos a crear el alma a la que querremos más que a nosotros mismos. -susurré, relajada.
Entonces sonrió, más dulce que nunca, enamorado y me besó la tripita, abrió mis piernas y se colocó entre ellas y entre besos y calor, se introdujo dentro de mí,lento, sin prisa… Lo más importante era el amor…
Lamimos cada parte de nuestros cuerpos, cálido y lento; y cogía mechones de mi pelo para enredarlos en sus dedos y tirar suavemente de ellos…
Cada vez aceleraba más el ritmo, disfrutando ambos, gimiendo, riendo, tanto placer concentrado en dos pequeños cuerpos…
Y llegamos al orgasmo, a la vez, como de costumbre. Descargó dentro de mí. Y seguimos riendo, más felices que nunca en nuestras vidas. Nos quedamos dormidos, el uno encima del otro, acomodados…
Desnudos, calientes, y enamorados dormimos juntos como en cualquier otra noche.
Pero en aquellas horas, el milagro de la naturaleza se efectuaba en mi vientre, una pequeñita célula de la persona perfecta me fecundaba. Se duplicaba en mi interior una vida. Algo que sólo podía ser nuestro.
Sólo nuestro.
Continuará -Capítulo tres: Donde caben dos caben tres-
Capítulo 1.
Estaba justo en la puerta de mi casa, apoyada en ella, con una gran maleta granate, mi viola, y mi guitarra. Mi madre lloraba emocionada: su pequeña se iba de casa.
Miriam seguía viviendo en casa, negándose a independizarse, pero yo ya tenía mis planes de futuro.
Acababa de finalizar la ESO, sólo me faltaban 2 años de estudio para trabajar en lo que realmente quería. Dedicarme a la pedagogía musical, enseñarle a pequeños
hijos de puta de 13 años qué es realmente la música. No teorías, sólo sentimientos; y así, ayudar a una civilización joven más… más civilizada.
La música lo podía todo, ¿no? La música son los sentimientos, y mi viola es solo un hilo conductor para expresar mis sentimientos, y e ahí mi otra parte profesional:
Tocar por el mundo, gratuitamente, sólo para expresar con sonidos, con 12 notas, el amor. El amor. Sergio. Oh, Sergio, Por fin, había llegado nuestro precioso día,
el tan esperado día en el que nos vamos a vivir juntos, para siempre. Con sólo 16 años ya salía de casa, llorándole a mi madre, mi hermana indiferente y mi padre
superfeliz de la vida por no pagar más pensión a mi madre.
Caminé sonriendo, secándome las lágrimas de la cara, y me metí mi viola en el maletero del taxi, mi maleta, mi guitarra y luego me metí.
Mi nueva vida empezaba. Miré por mi ventana, agarrándome a mi bolso. Dentro llevaba papeles realmente valiosos para mí, doblados perfectamente, dentro de un sobre amarillo.
Llegué entonces ahí, al aeropuerto,saqué mi enorme maleta, mi viola y mi guitarra, y muy amablemente un caballero moreno me llevó el equipaje dentro. Me ayudó en todos mis problemas
con el dichoso aeropuerto, hasta que llegué a la puerta de embarque y saqué uno de los papeles de mi sobre alargado. Mi pasaje.
Entré en el “finger” emocionada, desactivé mi móvil y busqué mi asiento por todo el avión. 19 Ventana. Número escogido completamente aposta. Diecinueve.
Encontré mi asiento, me senté, abrí mi ventana, sonriente y besé apasionadamente al viajero que iba a mi lado, en el 19 Pasillo. Un hombre alto, rubio, con los ojos verdes, con una sonrisa
irresistible y barba rubia de tres días. Sergio y yo nos dimos de la mano, no pronunciamos una sola palabra en las dos horas de vuelo, sólo dormimos, uno apoyado en el otro, mirábamos a la ventana
y nos besábamos de vez en cuando, sin soltar la mano.
Llegamos a la isla. Reino Unido. Londres.
Sergio habló con todos en un inglés perfecto, con un brazo pasado por mis hombros, y sin problemas llegamos a un apartamento sencillo, dejé mi maleta, mi viola, y mi guitarra en el recibidor, bien iluminado,
color hueso, horrible. Y Sergio dejó sus cosas con las mías:una maleta gris y su guitarra.
No estaba muy amueblado, solo había una triste mesa con cuatro sillas del Ikea en el comedor, una cama de matrimonio en el dormitorio, un salón pequeño aunque acogedor, al igual que la cocina y dos pequeñas habitaciones más.
Me apoyé en el marco de la puerta de una de ellas… vacía. Pero mi mente ya la iba amueblando con una pequeña cuna, papel de pared claro, juguetes, una carpa pequeña y una trona verde.
Sergio me agarró por detrás, sonriendo estúpidamente y supe que pensaba en exactamente lo mismo que yo.
Comenzaba una nueva vida a su lado.
- Te amo. -me susurró al oído.
Entonces pusimos todo en su lugar, creamos nuestro hogar, se fue a comprar pinturas y yo saqué de mi bolso mi carta de aprovación en el conservatorio de Londres.
Llegó con pinturas de varios colores, metimos las manos en los botes y fuimos pringando la pared de manos de pintura, de nuestras manos. Y de ahí saqué mi gusto por la pintura.
Arte.
Arte.
Arte.
Arte.
Sinónimo de su sonrisa.
Una puta obra de arte.
Come what may.
Después de tanta gilipollez amontonada en este tumblr, procedo a ser sensible de nuevo.
Esa parte emocional.
ÉL.
La sensación que tengo en el pecho cuando nos cogemos de la mano, en cualquier situación, notar como cualquier peso se eleva, se evapora, se vuelve humo…
Cada beso.
Es como el primero.
Nada ha cambiado.
Porque estoy perdidamente enamorada, de la persona más pequeñita del mundo.
Te amo, S.

